Viviendo el pasado o el futuro

Las personas mayores frecuentemente hablan con nostalgia de su niñez o su juventud. Para ellas, antes todo iba mejor en aquel entonces. Si sólo pudiéramos volver atrás en el tiempo, todo estaría resuelto. Sin embargo, la historia nunca está de acuerdo del todo con esa idea. Cuando examinamos de cerca los datos, el pasado no fue muy diferente de la actualidad. Muchas cosas han cambiado, algunas para mal y otras para el bien; pero es muy fácil olvidarse de lo malo del pasado y quedarnos con los buenos recuerdos. Generalmente reconocemos que, aunque había algo de malo en el pasado, por lo menos sobrevivimos. En cambio, las costumbres nuevas amenazan la “estabilidad”, y preferimos quedarnos con nuestras dificultades de ayer y no correr el riesgo de algo nuevo por si fuera peor. Solemos decir: “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Sobre este tema tuvo algo que decir el hombre más sabio de todos los tiempos, el rey Salomón, que dijo en Eclesiastés 7:10: “Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría”. Según Salomón, no debemos mirar hacia atrás para ver si encontramos algo mejor. Lo mejor está siempre en el futuro, porque ni siquiera hemos alcanzado a tocar la superficie de las maravillas que Dios tiene para nosotros Como tu vida no es perfecta, entonces siempre puedes mejorar. Como no lo sabes todo, entonces hay algo que aprender. Esa puerta a lo nuevo que tememos abrir puede ser la solución a muchos problemas. Dios creó al ser humano con infinitas posibilidades de triunfo y realización. Algunas actitudes defensivas que todos solemos tener, como el miedo al cambio y la inseguridad sobre el futuro, son un freno misterioso que uno impone sobre sí. Si una persona se convence de que es mejor quedarse donde está y no arriesgarse a cambiar, esa persona jamás llegará a su destino. Añorar los tiempos pasados significa que uno se siente incapaz de abordar las situaciones nuevas y prefiere volver a una época cómoda, segura, aunque inútil, cuando no había riesgos ni necesidad de aprender o esforzarse. Desde luego, esa supuesta época cómoda nunca existió, ni jamás existirá. El tiempo no se estanca. Si no avanzamos con él, en realidad retrocedemos. Por otro lado, el futuro está delante de nosotros y nuestra actitud presente ha de traer los resultados deseados o consecuencias desagradables. Por eso el Señor Jesucristo dijo: “¿Qué aprovechará el hombre si conquista todo el mundo y pierde su alma?” (Mateo 16:26). Hoy es el día de prepararte para el futuro iniciando una relación personal con Jesucristo, al aceptar el perdón de tus pecados, ofrecido a través de Su muerte y resurrección. Esta relación personal te capacitará para mirar hacia adelante con confianza y seguridad.

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