LAS COSTUMBRES,…enemigas del progreso

Un equipo de investigadores quería saber más acerca del comportamiento humano y para ello realizó una serie de experimentos con animales. Especialmente interesante fue el caso de los corderos. Desde su nacimiento, vivieron por un tiempo con sus madres. Luego, los investigadores los separaron, ubicando a cada cordero en una jaula, viviendo con un perro, una oveja extraña y un televisor. Al terminar el plazo, los investigadores dejaron en libertad a los corderos y les dieron la oportunidad de elegir entre su compañero provisional y su propia madre. Sin vacilar, la mayoría escogieron a sus madres, aunque algunos prefirieron los televisores. Los hombres y las mujeres nos aferramos a las cosas, las personas y las costumbres conocidas, mientras desconfiamos de lo nuevo y extraño. Por lo general, nuestras decisiones no se toman sobre una base lógica de investigación o razonamiento, sino de acuerdo con nuestras percepciones de confianza y seguridad. Por lo tanto, muchas veces optamos por cosas que no nos convienen y que pueden traernos problemas, mientras pasamos por alto cosas mejores simplemente porque son nuevas. Esto sugiere una de las razones para los fracasos. Por temer dar un paso más allá de lo que hemos hecho antes, huimos de las posibilidades de triunfo. Uno se queda con un empleo que no le conviene, sigue con compañeros cuya influencia es negativa y rechaza oportunidades para cambiar de ambiente o aprender un oficio nuevo y más productivo. El Apóstol Pablo dijo escribiendo en su carta a los cristianos en Roma: “No viváis según las costumbres de la sociedad en que vivimos. Mejor dejad que Dios transforme vuestras vidas con una nueva manera de pensar. Así podréis entender y aceptar lo que Dios quiere para vosotros: lo que es bueno, perfecto y le agrada” (capítulo 12, versículo 2) (paráfrasis de los editores). Esto sí que es un buen consejo. No sugiere un cambio de religión, sino de perspectiva, de valores y de prioridades. Y podemos pedirle a Dios que nos ayude a cambiar. Amigo lector, puedes hablar con Dios al terminar de leer este pensamiento; Él te escucha y te contestará.

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