“Aunque quiero, NO puedo creer”

Este tipo de dudas se debe al deseo de llegar a Dios por medio de la razón. Es cierto que usamos la razón o el intelecto para entender el mensaje, pero nuestra respuesta a ese mensaje tiene lugar en la persona interior. No es una convicción mental, sino una entrega. Mientras titubeamos pensando si somos dignos, si todos los milagros son verídicos, si realmente podemos creer o si podemos cumplir con nuestra promesa a Dios, no vamos a lograr la fe verdadera, porque estas cuestiones no son parte de la fe. Mientras pienses que debe haber varias alternativas y que frente a la duda prefieres quedarte donde estás, nunca vas a recibir lo que Dios te ofrece en la persona de Jesús. En cambio, cuando te des cuenta de que la vida sin Cristo es insoportable y al final te llevará a la perdición, reaccionarás firmemente sin más dudas. Cuando desees a Cristo más que a ninguna otra cosa, lo encontrarás.

No debes tener distracciones, ni móviles contradictorios, ni compromisos anteriores, porque tales cosas impiden la fe. Dices que quieres creer, pero no puedes. Aparentemente todavía no quieres creer lo suficiente, porque usando tus razonamientos tienes dudas del resultado final. Puedes tener dudas si lo que decimos es verdad o es una teoría difícil de comprobar. Como lo que compartimos es lo que dice la Biblia, puedes razonablemente comprobar que la Biblia es la Palabra de Dios. Entonces puedes aceptar lo que dijo Jesús, como lo registró el Apóstol Juan en su evangelio: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). 

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